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10 febrero 2013

Pines Hotel



Tras explorar y disfrutar de la visita a Das Krematorium, el antiguo crematorio de cadáveres, volvemos a tierras europeas para adentrarnos en este antiguo hotel de montaña el cual todavía conservaba intactas varias de sus diversas y variopintas estancias, a pesar de los estragos que la humedad y el paso del tiempo habían causado sobre la estructura del edificio.




Antes de nada, rodeamos los exteriores ya que teníamos que averiguar por donde se encontraba el acceso al interior, lo cual no es que fue demasiado complicado ya que existían diversos accesos abiertos al completo.





Llegamos a una de las diversas escaleras del hotel para subir hasta la última planta.
El estado del piso no es que estuviera en las mejores condiciones y por ello tuvimos que extremar las precauciones en diversas salas y pasillos en las cuales consideramos que era mejor no arriesgar.




Al final de un ala del edificio en su parte más alta nos encontramos con dos de las habitaciones más completas donde el empapelado de las paredes desconchado por el paso del tiempo y un precioso y antiguo televisor hicieron las delicias de quienes allí nos encontrábamos.







Seguimos recorriendo algún pasillo que otro...



Y acabamos por encontrarnos con este pequeño baño cuyas paredes hablaban por sí solas y hacían que el obturador de la cámara se excitase pidiendo a gritos una foto.


Seguimos en el último piso y de aquí nos vamos hasta el sótano.



Una vez en los subterráneos y en completa oscuridad nos encontramos con una pequeña piscina termal anexa a una antigua sala de masaje la cual todavía conservaba sus camillas.



Dejamos esta zona del edificio para tratar de adentrarnos en el piso principal del hotel. Anteriormente a la visita del lugar ya conocía de la existencia de una antigua discoteca intacta que se encontraba en este hotel. Tras varios reconocimientos por el interior en los que no conseguimos localizarla, al final y tras encontrarnos con unos compañeros holandeses y alemanes decidimos cruzar un área semiderruida a modo de Indiana Jones para conseguir así acceder a la otra zona del complejo, a la cual no se podía acceder de ninguna otra forma.

En esta zona ya es donde se encontraba la entrada principal con un precioso hall y el acceso al bar restaurante y a la discoteca.

Al fondo de la siguiente imagen, en la que podemos observar el citado hall principal y a la cual se llegaba al traspasar la puerta giratoria de la entrada principal del hotel, se encontraba antiguamente el salón de estar del cual rescato alguna que otra foto del pasado.







En cambio el salón comedor se encontraba totalmente derruido.



Seguimos avanzando por el complejo y como si de un día a otro se tratase y en plena oscuridad al fondo de un pasillo nos topamos con el lugar buscado. Una vez allí parecía que en cualquier momento la música volvería a sonar amenizándonos la visita. Sacamos las cámaras, armamos trípodes y entre todos hicimos equipo para ir con las linternas iluminando todas las salas y poder así realizar alguna que otra foto en condiciones.



Junto a la discoteca, que sin duda era el plato fuerte del lugar, nos encontramos con una pequeña despensa y con una sala ocupada integramente por una vieja y enorme máquina lava platos.



Salimos de la discoteca y finalmente en grupo nos dirigimos a visitar el antiguo salón bar restaurante.




Por último y antes de finalizar me gustaría dedicar este reportaje a todos y cada uno de los compañeros que realizamos aquel viaje, en el que el pleno de visitas fue absoluto y compartimos 4 geniales días de exploración centro europea.

Espero que sea de vuestro agrado.

Hasta el próximo reportaje.

23 septiembre 2012

Das Krematorium




Con más de un siglo de antiguedad y la escalofriante cifra de aproximadamente 100.000 fallecidos incinerados sobre sus oscuros sótanos, nos adentramos durante un fabuloso viaje por tierras centro europeas en este antiguo crematorio de cadáveres abandonado.

Tomada en 1911, la primera fotografía que se presenta en el reportaje, muestra el interior de la cámara funeraria en la cual se colocaba a los difuntos mientras se celebraban los entierros y aunque no lo parezca, es exactamente la misma sala que la de las fotos del reportaje, solo que hoy día su aspecto poco o nada tiene que ver con el de entonces.

La decadencia producida por el paso del tiempo hace mella en aquellas lúgubres estancias impresionándonos a simple vista con tales juegos de colores y texturas. 





Pendiendo de un cable, en su día tales faroles situados a los laterales de la sala iluminaban el interior de esta junto con las lámparas que se situaban junto al féretro.


Tras descender a los sótanos del edificio, aquí descubrimos por completo las entrañas del lugar. Pasillos de tenue luz unidos a salas en completa oscuridad y las cuales se iluminaban a nuestro paso bajo la luz de las linternas. Al final del pasillo, nos encontramos con las cámaras frigoríficas, iluminadas en lo alto por ese decadente tragaluz.


Llegamos a la parte central de la sala donde se sitúan realmente los hornos crematorios. En su parte central, se encontraba la carretilla metálica sobre la que se colocaba en la parte delantera los restos del difunto y a modo de ruleta se podía girar para introducirlo en cualquiera de los 4 hornos existentes, todos cubiertos por azulejos termorefractarios y uno a cada parte de la estancia como si de los puntos cardinales se tratase.



Una vez introducido, se accionaban los botones de encendido y se procedía a la incineración.


Descendiendo todavía un piso más bajo suelo nos topamos con los controles térmicos de los hornos dimensiones así como con el almacén donde todavía apiladas encontramos una gran cantidad de urnas funerarias.

En tales recipientes se introducían las cenizas de los fallecidos y en la parte superior se añadía una pequeña chapa de latón en la que se grababa el nombre del crematorio así como también el código numérico que servía para registrar y controlar que dichas cenizas correspondían a tal persona incinerada.



Pero ante tal cantidad de incineramientos que allí se realizaban, ¿cómo distinguirian los cadáveres justo después de introducirlos en el horno crematorio? Todo el proceso llevaba un seguimiento exhaustivo de cada cadáver. Las chapas numéricas de cerámica que se muestran en la siguiente fotografía,  se introducían en el horno junto al cadáver y debido a que la cerámica no arde, servían como signo de identidad de cada ceniza extraída del horno.


Volvemos hacia la zona de las cámaras frigoríficas para ya proceder a salir de nuevo a nivel de suelo, pero no sin la foto de rigor.



Un lugar repleto de detalles y totalmente distinto a lo que por entonces había podido explorar. Junto a la compañía de todos mis compañeros y por las características del lugar, fue una de las exploraciones que más disfruté de todo el viaje. No olvidéis que podéis visualizar las fotos de mis compañeros de viaje en "Maquinas y Escombros" y "Klovis y los cristales rotos". Espero que sean de vuestro agrado, saludos.